Seré tu ángel…

He estado a tu lado por tanto tiempo, no has notado si quiera mi presencia. Mi luz comienza a apagarse porque lo único que sientes es odio y depresión. No me dejes caer en este abismo de indiferencia.

Haré que veas la verdad y quitaré ese velo de tus ojos. Te obligaré a ver este mundo y cómo la gente sufre y se lastima. Verás la fiesta de la vida en donde unos se devoran a los otros, y donde la sangre corre llenando los rios y mares. Sentirás el frio viento de la noche y mis alas ya no te cubrirán. Una larga noche te tomará entre sus garras y dejaré que las bestias nocturnas te saquen las entrañas y se elaboren atuendos con ellos.

Seré tu ángel de locura y te guiaré hacia los abismos con mi canto. Te tomaré entre mis brazos después de arrullarte y me encargaré que seas consumido por el fuego de la pasión.

Con la daga de mi cariño infringiré heridas en tu piel que sangraran veneno y marchitarán tu corazón. No sanaré tus llagas como solía hacerlo, e incluso puede que ponga un poco de ácido para que sientas el dolor de los reproches. Dejaré que te cubras de polvo, y si tengo suerte tal vez todas las heridas se infecten de mi pensamiento y te arrastren hacia mi locura.

Siente mi cariño que esta noche seré tu ángel, estaré a tu lado hasta que yo misma te guíe hasta la muerte.

Mi amistad que enferma y corroe te brindo, mis sonrisas que hipnotizan y las lágrimas que queman.
Dime que me quieres porque de lo contrario siento dolor y caigo en espiral. Abrázame y bésame porque me deshidrato de atención. Cuando veas llanto en mis ojos, procura secar mis lágrimas porque queman mi piel y ahogan tu felicidad. No me dejes de lado que puede que me convierta en tu ángel de oscuridad.

Observarás mis ojos y en ellos estará reflejada tu más profunda agonía. Verás en ellos tus pesadillas encarnadas y con mil tormentos más que son parte de mi colección. Aspirarás mi aroma, y percibirás en él un delicioso olor a sangre y a temor. Al escuchar mi voz, tu piel sentirá intensos escalofrios que te hagan estremecerte hasta la médula.

Te invito a que me dejes entrar a tu vida y a tu corazón, te invito a que me dejes mover tus pensamientos y despertar tus traumas. Déjame ser tu ángel esta noche, tal vez me quede para siempre… pero podrás recitar a los cuatro vientos “¡Yo tengo una amiga!”

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